El congreso presentó una perfecta organización, en la que cabe destacar la puntualidad británica con la que se llevaron las diversas comunicaciones que acaecían en diferentes sesiones paralelas. Por supuesto, el hecho de que la sede del congreso fueran el Natural History Museum, la Royal School of Mines (Imperial College) y el mítico Ondaatje Theatre de la Royal Geographical Society... lugar donde antaño hablaron científicos ilustres tales como el mismísimo Darwin... pues le dió una atmósfera aún más mágica a este encuentro. La acogida fue tremenda, más de 800 participantes acudieron a la cita londinense. Por supuesto la calidad de los trabajos presentados fue muy elevada. Por último comentar que probablemente uno de los momentos que permanecerá en el recuerdo de todos aquellos que lo vivieron, fue la cena de clausura en el hall principal del Natural History Museum... esa cena bajo el esqueleto del Diplodocus permanecerá grabada en nuestras retinas.